Al cierre de la semana del 17 de abril, el mercado de combustibles en México comenzó a reflejar los efectos de los ajustes en el estímulo fiscal aplicados al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios para el período comprendido entre el 18 y el 24 de abril.
Según expresó a Surtidores Latam el análisis del especialista Ramses Pech, estos cambios no se traducen en un aumento en el precio al público, pero sí modifican de manera relevante la estructura interna con la que se compone.
En la gasolina Regular, el IEPS aumentó 1.03 pesos, pero ese impacto es absorbido completamente por una baja equivalente en los costos logísticos. El resultado es un valor final que se mantiene en 23.69 pesos por litro, aunque con una composición distinta. “El precio al público permanece estable, pero la estructura interna cambia”, explicó Pech, al remarcar que el ajuste es fiscal y no de mercado.
La misma lógica se replica en la gasolina Premium, donde el impuesto sube 0.51 pesos y los costos en terminales bajan 0.64. A diferencia de la Regular, aquí aparece un tercer componente: el margen comercial sube levemente 0.14 pesos, mientras el IVA no registra modificaciones. El costo final tampoco se mueve, sostenido por un equilibrio entre variables que operan en sentidos opuestos.
En el caso del diésel, el movimiento es más marcado. El IEPS se incrementa en 2.73 pesos, pero la caída en los costos logísticos alcanza los 2.98, compensando el efecto fiscal. A esto se suma un ajuste marginal en el margen comercial de 0.23 pesos. Nuevamente, el consumidor no percibe cambios, aunque el esquema interno se modifica.
Para Pech, estos movimientos reflejan un reacomodo del estímulo fiscal que no se traslada al surtidor. “El incremento del IEPS confirma una modificación en la política fiscal, pero sin impacto inflacionario inmediato”, sostuvo. Al mismo tiempo, la baja en las tarifas de terminales sugiere ajustes en las referencias de mercado vinculadas a la materia prima en refinerías.
En este sentido, la estabilidad en surtidor no responde a una mejora estructural en los costos, sino a un mecanismo de compensación. Esto implica que, si ese equilibrio se rompe, ya sea por una suba en la materia prima o un cambio en la política fiscal, el traslado al consumidor podría darse con mayor rapidez. Suben los impuestos, bajan los costos logísticos y los márgenes se ajustan de forma acotada.
En ese equilibrio, México sigue mostrando una estrategia de contención que evita traslados al consumidor, pero que al mismo tiempo va redefiniendo silenciosamente la estructura de la economía de los combustibles.


















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