Durante años, administrar una Estación de Servicio estuvo asociado principalmente al control de las ventas, el abastecimiento y la operación cotidiana. Sin embargo, la evolución del negocio de combustibles llevó a que esa mirada resulte cada vez más limitada. Para Oscar Alberto Domínguez, gerente de Dewar, el principal desafío que enfrenta actualmente el empresario del sector es avanzar hacia una mayor profesionalización de la gestión.
En diálogo con Surtidores LATAM, Domínguez planteó que el cambio implica dejar atrás una lógica centrada exclusivamente en “administrar” para asumir una verdadera gerencia integral. Su diagnóstico parte de una premisa concreta: una estación de servicio dejó de ser una operación sencilla y se convirtió en una empresa que requiere conocimientos específicos en numerosas áreas para funcionar de manera segura, eficiente y rentable.

Según el especialista, una estación puede involucrar más de 18 áreas de conocimiento específico, desde cuestiones técnicas y normativas hasta aspectos vinculados con seguridad, gestión, mantenimiento y operación. Esa diversidad obliga a los empresarios a ampliar sus capacidades y, sobre todo, a comprender que las decisiones cotidianas pueden tener impacto sobre los activos, los costos, el cumplimiento y la continuidad del negocio.
“El mayor reto es la profesionalización del sector. Pasar de administrar a gerenciar de manera integral”, sostuvo Domínguez. En su visión, el conocimiento se convirtió en uno de los principales activos de una empresa de combustibles, especialmente en un escenario donde las exigencias regulatorias y técnicas son cada vez mayores y donde los errores de gestión pueden traducirse en consecuencias económicas y operativas.
Esta transformación también modifica el perfil de quienes están al frente de las estaciones. Domínguez observa una presencia creciente de nuevas generaciones y grupos empresariales con estructuras más desarrolladas, junto con una toma de decisiones orientada hacia la productividad y la rentabilidad. El cambio, según explicó, no pasa únicamente por incorporar tecnología, sino también por adoptar una mentalidad empresarial más crítica y madura.

En ese proceso aparece el concepto de “inteligencia operacional”, que Domínguez desarrolla en su próximo libro Gerencia de Instalaciones de Combustible. La idea apunta a que la información técnica y operativa no quede aislada, sino que pueda convertirse en una herramienta para decidir mejor, anticipar problemas y gestionar los recursos de una estación con una mirada de largo plazo.
La profesionalización también está vinculada con la evolución que tuvo el propio mercado. El gerente de Dewar recordó que desde finales de los años 80 se incorporaron nuevas tecnologías, normas ambientales, estándares y reglamentos técnicos que elevaron progresivamente las exigencias para los operadores. En paralelo, la estructura empresarial del sector se transformó, generando un escenario que demanda capacidades diferentes a las de décadas atrás.
Para Domínguez, el futuro de las estaciones de servicio estará cada vez más relacionado con la capacidad de sus empresarios para convertir conocimiento en decisiones. La gestión profesional, en ese sentido, no significa solamente cumplir con una norma o incorporar una herramienta tecnológica, sino entender integralmente el negocio y sus riesgos. “El conocimiento es el verdadero valor”, resume el especialista, en una definición que marca uno de los desafíos centrales para la próxima etapa del sector de combustibles en Latinoamérica.





