El avance hacia una mayor mezcla de etanol en las gasolinas mexicanas vuelve a tomar impulso y ya pone números concretos sobre la mesa. Según estimaciones oficiales, llevar el corte al 10% generaría una demanda de 84.000 barriles diarios de etanol, un volumen que hoy supera la capacidad productiva local y obliga a repensar tanto la oferta como la logística del sistema.
El dato fue planteado por el subsecretario de Hidrocarburos de la Secretaría de Energía, Juan José Vidal Amaro, quien además advirtió que el salto en el uso del biocombustible no depende únicamente de cambios regulatorios. “Para poder incrementar el uso de etanol, no solo se necesitan adecuaciones normativas, también ajustes en las terminales de distribución y en los puntos donde se realizan las mezclas”, señaló.
Actualmente, la demanda de gasolinas en México ronda los 842.000 barriles diarios. Con una mezcla al 10%, ese volumen de combustibles fósiles se reduciría a unos 758.000 barriles diarios, en un tiempo sin crecimiento del consumo. Sin embargo, el desafío se amplifica si se analiza un corte mayor: un esquema E20 requeriría cerca de 168.000 barriles diarios de etanol, una cifra aún más lejana de la producción nacional.
La disponibilidad del biocombustible aparece como uno de los principales límites. Aun si se destinara la totalidad de la producción de caña de azúcar, alrededor de 55 millones de toneladas, México podría generar unos 70.000 barriles diarios de etanol. Es decir, ni siquiera alcanzaría para cubrir la demanda de un esquema E10. Además, una decisión de ese tipo implicaría desplazar la producción de azúcar, lo que vuelve inviable esta alternativa en términos de política pública.
Frente a esta situación, desde el Gobierno reconocieron la necesidad de ampliar la base productiva, tanto incrementando la producción de caña como incorporando otras materias primas, como el sorgo o la soja. Se trata de un proceso que no solo requiere inversiones en el sector agrícola, sino también una planificación integral que articule energía y agroindustria.
El marco regulatorio es otro de los puntos a resolver. Hoy el uso de etanol está permitido hasta un 5.8% en las gasolinas, con restricciones en las principales áreas metropolitanas del país. Para avanzar hacia cortes mayores, será necesario modificar la norma oficial que regula la calidad de los combustibles, la NOM-016, un paso que el sector privado también viene impulsando.
Según datos recopilados por Surtidores Latam, la incorporación de mayores volúmenes de etanol implicaría adaptar terminales, sistemas de almacenamiento y puntos de mezcla, lo que abre interrogantes sobre los tiempos de implementación y las inversiones necesarias en toda la cadena, incluidas las estaciones de servicio.
Uno de los debates que comienza a instalarse es si el E10 debe fijarse como un límite o como un piso. La experiencia internacional sugiere que establecerlo como un mínimo permitiría mayor flexibilidad a futuro, especialmente en un momento donde la disponibilidad de biocombustibles y las políticas energéticas siguen en evolución.


















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