El avance de nuevos proyectos comienza a integrar distribución e industrialización, con grupos vinculados a las Estaciones de Servicio que incorporan la fabricación de biocombustibles a sus negocios.
La industria paraguaya de combustibles atraviesa una etapa de transformación en la que algunos actores del sector empiezan a avanzar más allá de la comercialización. La aparición de proyectos que combinan distribución y elaboración de biocombustibles marca una nueva dirección para un mercado que durante años estuvo concentrado en la importación y venta de productos terminados.
Massimiliano Corsi, de BIOCAP, señaló a Surtidores Latam que el sector observa “con mucho optimismo” la evolución de los biocombustibles y puso el foco precisamente en el ingreso de empresas que hasta ahora tenían una participación principalmente comercial.
“Hoy están surgiendo proyectos con una visión más amplia e integrada: grupos empresariales vinculados a la distribución de combustibles comienzan a invertir también en la producción nacional de biocombustibles”, afirmó.
Para Corsi, Alcoenergy constituye una muestra concreta de ese proceso. “Estas inversiones fortalecen toda la cadena productiva, generan empleo, industrializan nuestra materia prima”, sostuvo.

La iniciativa impulsada por el Grupo Crisma permite observar cómo ese movimiento comienza a trasladarse desde el plano sectorial hacia proyectos específicos.
A través de Energy, la empresa cuenta actualmente con 130 estaciones habilitadas y suma otras 20 bajo otra bandera, que podrían incorporarse a la red cuando finalicen sus contratos.
Después de varios años de expansión comercial, la compañía comenzó a diversificar sus actividades con una inversión superior a US$ 50 millones destinada a Alcoenergy, cerca de Coronel Oviedo.
La primera etapa contempla una capacidad de 150.000 litros de etanol diarios, equivalente a unos 4.500 metros cúbicos mensuales y 54 millones de litros al año.
El destino inicial será el mercado interno, con la incorporación del producto a las mezclas de gasolinas comercializadas por el propio grupo.
La segunda fase plantea duplicar la capacidad y evaluar la colocación de excedentes en mercados internacionales. El proyecto, por lo tanto, no se limita a garantizar suministro para una red comercial, sino que incorpora una nueva fuente potencial de ingresos vinculada a la industrialización.
Cristian Machuca, director de Alcoenergy, explicó que el grupo comenzó a observar oportunidades más allá del crecimiento de la red de estaciones.
“Estamos viendo la diversificación del mercado tradicional de combustible fósil, de importación, distribución y venta, hacia la industrialización”, señaló.
La materia prima será adquirida inicialmente a productores ubicados en las proximidades de la planta. La compañía prevé trabajar con establecimientos situados en un radio aproximado de 50 kilómetros, generando una demanda directa sobre la producción agrícola de la zona.
El proceso permitirá obtener distintos productos a partir del mismo grano. Además del etanol, Alcoenergy, prevé producir DGS o burlanda, utilizada para alimentación animal, recuperar aceite de maíz destinado a la elaboración de biodiésel y analizar posteriormente la recuperación de CO₂.
La estrategia apunta a incrementar el valor obtenido a partir de una materia prima que tradicionalmente puede salir del país con un grado menor de transformación. “De un grano, multiplicar el valor por tres o por cuatro industrializando”, explicó Machuca.
La conexión con otras actividades productivas también es relevante. La burlanda puede abastecer establecimientos ganaderos y criaderos avícolas, mientras que el aceite obtenido durante el proceso puede incorporarse a la cadena del biodiésel.
De esta manera, el proyecto extiende sus efectos más allá del combustible que llegará a los surtidores. La inversión se produce mientras Paraguay incrementa progresivamente la participación de componentes renovables en sus combustibles.

Machuca señaló que el alcohol ya alcanza porcentajes del 25% y que determinadas gasolinas pueden llegar al 30%. En el biodiésel, recordó, la participación avanzó desde el 2% hasta el 5% y posteriormente al 7%, mientras el sector proyecta nuevos incrementos.
La producción local puede contribuir a disminuir la dependencia de derivados fósiles importados y, simultáneamente, retener una mayor proporción del valor económico dentro del territorio paraguayo.
Para los operadores que participan en diferentes eslabones, esto supone una modificación de la estructura tradicional del negocio. La materia prima agrícola pasa a convertirse en energía, alimento para animales y otros insumos industriales antes de alcanzar su destino final.
El proceso de industrialización también expone una dificultad menos visible: la disponibilidad de profesionales con experiencia específica.
La construcción de Alcoenergy utiliza tecnología desarrollada en Córdoba, Argentina, y contará con asistencia desde esa provincia para los sistemas de control. En la obra participan trabajadores paraguayos junto con especialistas de distintas nacionalidades.
Machuca reconoció que una de las principales dificultades consiste en encontrar experiencia técnica suficiente para determinadas actividades industriales.
“Lo que falta realmente es experiencia”, afirmó. La planta prevé generar alrededor de 200 puestos directos y un impacto indirecto que podría triplicar esa cifra.
El efecto sobre Coronel Oviedo también alcanzará a productores agrícolas, transportistas, proveedores y actividades vinculadas con la utilización de los subproductos.





