El petróleo vuelve a poner a prueba los precios de los combustibles. Con el Brent cerca de los USD 120 —cerró el viernes en USD 116,72—, la pregunta ya no es solamente cuánto puede subir la nafta, sino también si todas las compañías podrán aguantar lo mismo antes de ajustar. Para las Estaciones de Servicio, esa diferencia puede sentirse en un lugar muy concreto: el precio con el que salen a competir por cada cliente.
No todas las empresas llegan a esta situación con las mismas herramientas. Las que extraen petróleo, lo refinan y venden combustibles pueden compensar parte de la presión entre sus distintos negocios. Las que necesitan comprar el crudo tienen menos opciones: si la materia prima aumenta y los valores de venta quedan contenidos, el margen se achica.

En diálogo con Surtidores, el economista especializado en combustibles Nicolás Taiarol, advirtió que las refinadoras con poca o ninguna extracción propia son las más expuestas. Por eso, podrían necesitar ajustes en el canal mayorista o en sus precios al público antes de que YPF decida modificar su mecanismo de contención, conocido como buffer.
Para el estacionero, el problema aparece cuando su proveedor aumenta y otro mantiene los valores. Aunque las estaciones estén a pocas cuadras, pueden quedar con precios distintos y menos margen para retener a quienes comparan antes de cargar.
Daniel Dreizzen, director de Aleph Energy y exsecretario de Planeamiento Energético, vinculó la persistencia del crudo caro con las dificultades para transitar por el estrecho de Ormuz.
Según explicó a este medio, ese escenario representa un problema para la economía mundial y para la Argentina, aunque también abre una oportunidad para la industria petrolera. La contracara llega al resto de las actividades y a los consumidores, que deben afrontar combustibles más caros.
Sobre la posibilidad de seguir amortiguando el traslado, Dreizzen fue directo: “Es una decisión de política comercial de YPF hasta dónde va a seguir el buffer”. Su continuidad, por lo tanto, no puede darse por asegurada.

Mauricio Roitman, presidente de Energeia, coincidió en el distinto impacto sobre las compañías. “Las menos integradas, que compran crudo a precio de exportación, tienen menos espalda para absorber. Su margen es el que más sufre en este contexto”, sostuvo ante la consulta de Surtidores. Y evitó ponerle fecha al alivio: “El horizonte lo define la geopolítica, no el mercado local”.
También advirtió que una baja del barril no garantizaría una reducción inmediata en los surtidores. Las empresas podrían buscar primero recuperar el margen resignado, mientras el dólar y los impuestos seguirían influyendo en el precio final. Vaca Muerta aporta producción y divisas, pero no asegura por sí sola combustibles más baratos.
El exsecretario de Energía Daniel Montamat, señaló otro límite: cuánto se prolongue el conflicto y a qué valores se comercialice el petróleo dentro del país. “Si se extiende, esto tarde o temprano se va a revisar”, advirtió sobre el esfuerzo para moderar los aumentos.
También cuestionó la posibilidad de frenar las subas con controles sobre el precio del crudo local. A su entender, esa salida perjudicaría las exportaciones y las inversiones que sostienen el crecimiento de Vaca Muerta. Por eso, planteó que, aun con las dificultades que generan los combustibles más caros, es necesario cuidar las condiciones que permiten seguir aumentando la producción.






