Con la entrada en vigor de la jornada laboral máxima de 42 horas semanales en Colombia, las Estaciones de Servicio comenzaron una nueva etapa de adaptación operativa. Si bien la medida ya era conocida por el sector desde hace varios años, su implementación definitiva obliga a los empresarios a reorganizar turnos, fortalecer equipos de trabajo y absorber mayores costos laborales.
Farid Jones, empresario minorista y representante de FEBECOL, aseguró que el principal desafío ya no es la entrada en vigencia de la norma, sino lograr una implementación eficiente en un negocio que funciona de manera ininterrumpida. «La reducción de la jornada laboral ya era una medida que todos conocíamos. Hoy el reto ya no es la norma, sino la forma de adaptarnos de manera eficiente«, afirmó a Surtidores LATAM.
En ese sentido, explicó que las Estaciones de Servicio que operan las 24 horas del día, los siete días de la semana, debieron revisar en detalle la organización de sus turnos, los horarios de trabajo y la disponibilidad del personal. Según indicó, en muchos casos también fue necesario fortalecer las plantas de empleados para garantizar la continuidad del servicio sin incumplir la legislación.
Jones destacó que desde FEBECOL acompañaron a los empresarios durante este proceso mediante asesoramiento técnico y jurídico. El trabajo incluyó la revisión de reglamentos internos y la adecuación de los procedimientos laborales para alinearlos con la nueva normativa.
«Ya la mayoría de empresarios cumple con la norma y está haciendo todo el esfuerzo posible para adaptarse», sostuvo el dirigente, quien consideró que el sector ha respondido de manera responsable frente a la reducción de la jornada, pese a las dificultades que representa para muchas empresas.
No obstante, advirtió que el impacto económico será diferente según el tamaño de cada negocio. A su juicio, las pequeñas y medianas Estaciones de Servicio son las que enfrentan mayores desafíos, ya que la reducción horaria puede traducirse en un incremento de los costos laborales al requerir más personal para cubrir la misma cantidad de horas de operación.
Frente a ese escenario, Jones planteó que el Estado debería acompañar esta transición con políticas orientadas a mejorar la productividad y la competitividad de las empresas. Además, insistió en la necesidad de revisar las condiciones económicas bajo las que opera el sector minorista de combustibles.
«Es importante que se promuevan medidas que mejoren la productividad empresarial y que también se revisen los márgenes de rentabilidad de nuestro sector para poder mitigar los mayores costos que genera esta modificación de la jornada laboral», concluyó. Para los empresarios del expendio de combustibles, el cumplimiento de la nueva jornada representa un avance en materia laboral, aunque también abre un debate sobre la sostenibilidad económica de un servicio esencial que funciona de manera permanente.



















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