Desde el 20 de julio comenzó a aplicarse en Paraguay el nuevo porcentaje obligatorio de incorporación de biodiésel al gasoil Tipo III, en cumplimiento de la Resolución N.º 472/2026 del Ministerio de Industria y Comercio. La medida eleva la mezcla desde el 5 % vigente hasta un rango de entre 8 % y 10 %, consolidando un paso decisivo hacia una matriz energética más diversificada y con mayor participación de combustibles renovables producidos en el país.
Para BIOCAP, la decisión marca un antes y un después en la política energética nacional. Durante décadas, el abastecimiento de diésel dependió casi exclusivamente de las importaciones de combustibles fósiles. Con el nuevo esquema, el biodiésel elaborado a partir de materias primas paraguayas comienza a ocupar un lugar estratégico, fortaleciendo la seguridad energética, generando valor agregado para la producción agrícola e impulsando nuevas inversiones industriales.
La implementación también coincide con un cambio en las condiciones del mercado. Mientras el precio internacional del diésel mostró una tendencia alcista durante el primer semestre de 2026, el biodiésel registró una reducción sostenida. Según datos del sector, esta evolución modificó la relación económica entre ambos combustibles y permitió que la mezcla obligatoria dejara de representar un costo adicional. Incluso, las referencias actuales indican que el B8 genera una variación aproximada de 12 guaraníes menos por litro respecto al diésel fósil.
Este cambio elimina uno de los principales cuestionamientos económicos que acompañaron el debate durante los últimos meses y fortalece la competitividad del biocombustible nacional.
La adopción del B8 también encuentra respaldo en la experiencia internacional. Brasil, uno de los principales productores mundiales de biodiésel, utiliza actualmente una mezcla obligatoria de B15 en todo su territorio, incluyendo vehículos de carga, maquinaria agrícola y equipos industriales, sin inconvenientes cuando se respetan las especificaciones de calidad establecidas por los fabricantes y las normas técnicas.
En Paraguay, Petropar informó que realizó ensayos de laboratorio junto con el Ministerio de Industria y Comercio y el Instituto Nacional de Tecnología, Normalización y Metrología, cuyos resultados fueron satisfactorios antes de avanzar con la implementación del nuevo porcentaje de mezcla. Al mismo tiempo, empresas comercializadoras comenzaron a comunicar oficialmente a sus clientes la incorporación del nuevo contenido de biodiésel, aclarando que la modificación responde a una disposición regulatoria y que no altera los estándares de calidad exigidos para el combustible.
BIOCAP sostuvo a Surtidores Latam que muchas de las inquietudes planteadas en torno al B8 no responden al biocombustible en sí, sino a las condiciones de almacenamiento y manejo del combustible. Aspectos como la presencia de agua, sedimentos o depósitos acumulados en tanques deficientemente mantenidos pueden afectar el funcionamiento de cualquier combustible y requieren buenas prácticas operativas a lo largo de toda la cadena de abastecimiento.
En ese sentido, la entidad considera que el aumento de la mezcla debe ir acompañado por un fortalecimiento gradual de la infraestructura logística, con mayores controles de calidad, modernización de los sistemas de mezcla, monitoreo permanente de la estabilidad del combustible y mejoras en las instalaciones de almacenamiento. Lejos de representar una limitación para el crecimiento del biodiésel, estas inversiones constituyen una oportunidad para elevar los estándares de toda la cadena de distribución.
BIOCAP también remarcó que, hasta el momento, no existe evidencia técnica general que demuestre que una mezcla B8 o incluso B10, producida conforme a las especificaciones vigentes y correctamente manipulada, provoque daños sistemáticos en motores modernos. Por ello, considera que cualquier planteo sobre eventuales restricciones debe sustentarse en documentación técnica específica emitida por cada fabricante y no en afirmaciones generales.
La organización entiende que el incremento de la participación del biodiésel representa el comienzo de un proceso de transformación de largo plazo. A medida que aumente la producción nacional y se fortalezca la infraestructura, Paraguay podrá reducir progresivamente su dependencia del diésel importado, generar mayor valor agregado a sus materias primas y consolidar una industria de biocombustibles con capacidad para acompañar el desarrollo económico y la transición hacia una matriz energética más sostenible.
Más que un aumento en el porcentaje de mezcla, la implementación del B8 inaugura una nueva etapa para el sector energético paraguayo, en la que la producción nacional comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro del abastecimiento de combustibles del país.



















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