México avanza con una de las mayores inversiones en infraestructura de gas natural de los últimos años. El plan oficial contempla más de 2.250 kilómetros adicionales de gasoductos, nuevas centrales eléctricas y una expansión de la capacidad de transporte para acompañar el crecimiento industrial y energético proyectado hacia 2030.
Sin embargo, detrás de esa expansión aparece una advertencia que comienza a ganar peso entre los analistas del sector: el país podría quedar aún más expuesto a la dependencia del gas importado desde Estados Unidos.
El especialista energético Ramsés Pech sostuvo a Surtidores Latam que la ampliación de ductos “mejora la capacidad de mover gas, pero no garantiza soberanía energética”, ya que gran parte del suministro adicional seguirá llegando desde Texas, principalmente desde la Cuenca Pérmica y mediante producción de fracking.
Actualmente, cerca del 80 por ciento del gas importado por México proviene de Estados Unidos y las proyecciones muestran que esa participación podría incrementarse todavía más en los próximos años. “Más ductos no significan más producción nacional. La infraestructura ayuda a transportar el gas, pero la molécula sigue viniendo principalmente de Estados Unidos”, explicó Pech.
Según el análisis del especialista, esto empujará el consumo nacional de gas desde los actuales 9.000 millones de pies cúbicos diarios a más de 10.200 millones hacia 2030. El problema, según remarcó, es que la producción nacional no avanza al mismo ritmo. México podría necesitar importaciones de entre 7.600 y 10.000 millones de pies cúbicos diarios, superando ampliamente los niveles registrados durante 2025. “La dependencia se profundiza, no se resuelve”, resumió.
Uno de los puntos más sensibles del diagnóstico está relacionado con el almacenamiento estratégico. Hoy México cuenta con apenas 2.4 días de reserva de gas natural y, aun con los nuevos ductos, la capacidad subiría solamente hasta 2.8 días.
El especialista recordó que la meta oficial es alcanzar 10 días de reservas estratégicas, aunque actualmente no existe una infraestructura de cavernas salinas o yacimientos agotados que permita cumplir ese objetivo.
Texas demandará cada vez más gas natural para abastecer nuevos proyectos eléctricos, centros de datos y expansión industrial, mientras Estados Unidos también proyecta duplicar sus exportaciones de Gas Natural Licuado hacia Europa antes de 2030.
Ese doble fenómeno podría reducir la disponibilidad de gas para México y generar una mayor presión sobre los precios.
Para el analista, la única alternativa real para reducir la vulnerabilidad sería incrementar fuertemente la producción nacional de gas seco, algo que requeriría acelerar inversiones, desarrollar nuevos campos e incluso avanzar en proyectos de fractura hidráulica.
Las estimaciones elaboradas por Pech muestran que, incluso en un momento optimista donde Pemex logre elevar su producción hasta 5.000 millones de pies cúbicos diarios, México seguiría importando más de la mitad del gas que consume.



















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