México.
19 Mar, 2026
Matriz energética México apuesta a la soberanía energética, pero el gas natural expone el límite del modelo
Aunque logró reducir la dependencia en combustibles líquidos, el país continúa importando el 75 por ciento del gas que consume.

En el marco del 88° aniversario de la Expropiación Petrolera, la presidenta Claudia Sheinbaum volvió a colocar en el centro del debate el concepto de soberanía energética. Con una narrativa apoyada en la recuperación del sistema de refinación y el fortalecimiento de Pemex, el Gobierno busca consolidar una estrategia orientada a reducir la dependencia externa.

Sin embargo, más allá de estos avances, el gas natural se mantiene como el principal punto débil del esquema energético mexicano. El dato fue reconocido por la propia administración: México importa alrededor del 75 por ciento del gas que consume. Un insumo que sostiene tanto la generación eléctrica como la actividad industrial, lo que lo convierte en un factor crítico para el funcionamiento de la economía.

De esta manera, se manifiesta una de las principales tensiones del modelo actual. Mientras la política energética logró resultados visibles en el segmento de combustibles líquidos, con la entrada en operación de la refinería Dos Bocas, la integración de Deer Park y la rehabilitación del sistema nacional de refinación, la matriz eléctrica se ha vuelto cada vez más dependiente del gas natural, profundizando su exposición a factores externos.

La problemática más dura en este momento es que México depende casi en su totalidad del gas proveniente de Estados Unidos mediante ductos, lo que lo inserta en una dinámica regional sobre la cual tiene escasa capacidad de influencia.

Esto genera que las decisiones de EEUU, como principal proveedor del país, comiencen a adquirir un peso determinante. Una eventual priorización de exportaciones hacia mercados más rentables podría alterar el equilibrio regional y generar presiones sobre precios y disponibilidad.

En este punto, la mirada técnica, como la que viene advirtiendo a Surtidores Latam el analista Ramses Pech, permite dimensionar la magnitud del desafío. El país carece de almacenamiento estratégico de gas natural y opera con inventarios equivalentes a apenas unos pocos días de consumo, lo que reduce significativamente su capacidad de respuesta ante interrupciones en el suministro o variaciones abruptas en los precios.

La vulnerabilidad se vuelve aún más evidente en escenarios de alta demanda. Con la llegada de los meses de mayor temperatura, el consumo eléctrico se incrementa y obliga a las centrales de ciclo combinado a operar con mayor intensidad, elevando la necesidad de gas. Si este aumento coincide con un mercado internacional tensionado, el sistema energético mexicano podría enfrentar mayores costos o incluso restricciones en el abastecimiento.

Frente a este panorama, el Gobierno plantea como próximo objetivo el incremento de la producción nacional de gas natural, junto con el impulso a las energías renovables. No obstante, se trata de un proceso de mediano y largo plazo que requiere inversiones, desarrollo de infraestructura y condiciones regulatorias aún en evolución.

Los avances en refinación y la consolidación de Pemex como empresa integrada marcan un cambio respecto a años anteriores, pero no alcanzan para resolver las debilidades de una matriz energética altamente dependiente del gas importado.

 

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